Lealtades invisibles familiares

Lealtades invisibles familiares

Lunes, Junio 17, 2024

Armonía entre el impulso familiar y el individual

La lealtad es un valor fundamental para la cohesión familiar porque asegura nuestra supervivencia y nos vincula a un grupo social. Estas lealtades familiares plantean una disyuntiva: ¿nos fortalecen y potencian o nos limitan?

Es cierto que puede resultarnos muy difícil liberarnos del peso de las obligaciones de la familia, cuando estas superan nuestros propios deseos personales.

Hacer elecciones diferentes es positivo tanto para nosotros como para nuestro entorno. Sin embargo, debido a lo incómodo que nos hace sentir y a la persistente creencia de que estamos haciendo algo incorrecto. Podemos creer que estamos yendo en contra de nuestra familia.

Reconocer y dar lugar a nuestro propio impulso es vital para poder hacer nuestro proceso de individuación

Diferenciarnos implica reconocer y expresar nuestro mundo emocional y ser auténticos, con la familia y con los demás. Significa aceptarnos a nosotros y a los otros tal como somos.

Es esencial que cada uno tenga su propia voz y no se dé por sentado que cada opinión es aceptada por todos. Hablar en nombre de otro, incluso de la propia familia, puede implicar avasallar el fuero íntimo de otra persona y generar conflictos.

Ir tras lo que nos emociona, lo que nos ilusiona, nos puede servir como recurso.

A medida que crecemos, experimentamos impulsos emocionales que nos incentivan a explorar el mundo. Buscamos experiencias en diferentes ámbitos de la vida, como relaciones, trabajos, viajes, etc.

Este estímulo nos empuja a ir más allá de lo que ocurre en nuestro círculo familiar. Así, se van ampliando nuestros horizontes mentales y nuestra percepción de la vida.

Al hacerlo es natural que surjan temores que puedan frenarnos. Pero no seguir nuestro impulso es quedarnos atrapados en la seguridad de lo conocido.

Asique, no es imprescindible contar con el respaldo de nuestra familia,  para permitirnos la libertad de experimentar la vida que deseamos.

“Ser buenos hijos nos impide madurar emocionalmente”. Dice Enric Corbera

Busquemos la armonía entre el impulso familiar y el individual

La idea de sentirnos constantemente felices dentro la familia es utópica. Incentivar la libertad y el apoyo entre cada miembro y una comunicación abierta, permitirá que cada uno desarrolle su individualidad.

Observar nuestra familia y sus dinámicas, el posicionamiento de cada miembro (sobre todo el nuestro), nos dará pistas sobre cuáles son los excesos o las carencias que estamos viviendo.

Si observamos que nuestra familia no se transforma, no intentemos cambiarla. Tal vez generemos violencia y, además, estaremos repitiendo el patrón que tanto criticamos.

Nuestra única responsabilidad es cambiarnos a nosotros mismos.

Dar lugar a nuestra autonomía emocional conlleva momentos de estrés y enfrentarnos al miedo. Esto no es fácil de experimentar, pero será esencial mantener nuestra coherencia interna y avanzar en la búsqueda de nuestra identidad.

La mejor manera de honrar a nuestra familia es agradeciendo sus raíces como base desde la que desplegamos las alas para recorrer nuestro propio camino.

«No puedes cambiar lo que has recibido de tus padres, pero puedes decidir qué hacer con ello.»

Zig Ziglar

Conocer ese lado oscuro es una revelación que nos aporta la comprensión necesaria para superar las dificultades y desarrollar nuestras capacidades.

Poder identificar y trascender la información familiar que nos limita, es clave para poder decidir quiénes queremos ser.

Habitualmente creemos que nuestra libertad individual va en contra de la estabilidad familiar. Y las familias disfuncionales se esfuerzan por mantener el “status quo” en lugar de apoyarnos.

«Hay una fecha de caducidad para culpar a tus padres por conducirte en dirección equivocada; en el momento que tienes edad suficiente para tomar el timón, la responsabilidad es tuya».

JK Rowling

¿Por qué esta resistencia? Porque implica cambios que pueden desestabilizar la estructura.

Dentro del sistema existen roles establecidos, como el del proveedor económico o el cuidado de padres y hermanos/as. Cuando uno de nosotros cambia, crea un movimiento que requiere una reestructuración de este ecosistema.

Cuando uno trasciende su rol y se permite experimentar otras posibilidades, el sistema se desestabiliza y trata de encontrar un punto de equilibrio distinto.

Este reajuste, lejos de ser perjudicial, desestabiliza estructuras obsoletas y facilita el cambio en los otros integrantes del clan para llegar a un nuevo equilibrio.

Si no estamos satisfechos con alguna faceta de nuestra vida, culpar a los padres es una gran excusa para no cambiar.

Y eso puede ser desafiante para todos.

¿Qué estás dispuesto a hacer tú?

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